Los cuarenta años que pasaron de aquel hecho nefasto, no pudieron borrar el ejemplo de una vida abocada al compromiso y la opción por los pobres.
El asesinato del sacerdote Carlos Mugica, no acalló la voz ni la obra de un hombre, sino impulsó y elevó la calidad y la enteresa de semejante ser humano que vivió para el prójimo.
Su legado aún perdura y seguirá latente hasta que el último de los desposeídos, de los nadies, consiga traspasar esa condición que lo aprisiona y sea alguien, liberado, potenciado en sí mismo.
Parte del Aire de estas fechas emblemáticas tienen ese peso simbólico específico que nos indaga y nos pone frente a nuestras acciones, preguntándonos: qué hemos hecho al respecto por el otro?
La figura del padre Mugica es una pregunta que indaga, que nos pone frente a nosotros mismos, como frente a un espejo y nos recuerda que no somos nada sin los otros, el prójimo, nuestros hermanos.
El asesinato del sacerdote Carlos Mugica, no acalló la voz ni la obra de un hombre, sino impulsó y elevó la calidad y la enteresa de semejante ser humano que vivió para el prójimo.
Su legado aún perdura y seguirá latente hasta que el último de los desposeídos, de los nadies, consiga traspasar esa condición que lo aprisiona y sea alguien, liberado, potenciado en sí mismo.
Parte del Aire de estas fechas emblemáticas tienen ese peso simbólico específico que nos indaga y nos pone frente a nuestras acciones, preguntándonos: qué hemos hecho al respecto por el otro?
La figura del padre Mugica es una pregunta que indaga, que nos pone frente a nosotros mismos, como frente a un espejo y nos recuerda que no somos nada sin los otros, el prójimo, nuestros hermanos.

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