Solo el inundado sabe de la sensación exacta de
eso que duele, profundo en el pecho, cuando el agua comienza a entrar por la
puerta sin haber pedido permiso antes.
Sólo el evacuado sabe la angustia que se vive
cuando deja la casa rodeada de agua y se va con la incertidumbre de al volver
encontrar, o no, los objetos de valor dentro de su hogar.
Nadie puede acercarse tanto a esas sensaciones
más que a través de la ayuda, la colaboración, el consuelo y el acompañamiento,
rezando quizás para que pase el transe.
Parte del Aire de estas situaciones atravesadas
por el dolor y la angustia, desnudan distintas realidades, entre ellas, la hijaputez
del robo, el saqueo, a aquel que está necesitado.
Porque a pesar de lo que el agua se llevó, los
objetos, la casa, la dignidad y la esperanza deben ser los pilares a sostener,
en medio de esta tragedia, para darle sentido a la vida.

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