El Historiador mercedino, Alejandro Molle, escribe esta nota de opinión sobre la ciudad y la planificación, apoyándose en el ejemplo de gobiernos comunales pasados.
Es imposible no
sorprenderse ante la medida visionaria de los concejales y del departamento
ejecutivo al sancionar y promulgar el 26 de septiembre de 1919 (ordenanza 869)
el resguardo de espacios a reservar para la formación de diferentes avenidas.
En aquella oportunidad
la ordenanza en forma explícita y enfáticamente determinó que el D. E.
modificará el trazado de la línea municipal, de las siguientes calles, hasta
llegar a los boulevares de circunvalación: a) calle n° 29 sobre el costado
oeste, desde la av.
Leandro N. Alem (30) hasta el boulevard de la calle Italia (av. 2);
b) calle 30 sobre el costado norte, desde avenida Mitre (29) al este hasta la
av. 25 de Mayo (17); c) calle 16 sobre los costado norte y sur, desde av. 29 al
este a calle 17. Ordenó de tal modo el espacio urbano que en general es
denominado microcentro. Fue un audaz decisorio, incomparable a hoy en día donde
se autorizan fraccionamientos de quintas sin prever algún tipo de avenidas.
Las respuestas están a
la vista y sólo responden a aperturas de nuevas calles atendiendo a negocios
inmobiliarios.
El mejor de los ejemplos
es el de calle 29 de 16 a
6. La norma de marras está incumplida.
Veinte años después de
promulgada la ordenanza que comentamos, en 1939 en la administración municipal
del señor Francisco Ferrer, el jefe comunal (de la Unión Vecinal conservadora)
caracterizado por el arquitecto Juan J. Marín, UCR) como “…uno de los mejores Intendentes
de la ciudad y que pasó por la función pública abroquelado en su honradez
invariable…”, libró una nota al Ministro de Obras Públicas, Ing. José
M. Bustillo, solicitándole la necesaria colaboración para llevar a cabo el
ensanche de 29.
De aquella primera norma
municipal previsora de espacios hasta la fecha han transcurrido ochenta y cinco
años y un poco menos la de la gestión impulsada por el Intendente Ferrer. Sin
embargo poco se ha hecho en su consecuencia.
El Intendente Ferrer en
su nota ponía de relieve cuán necesario era el ensanche (v. diario El Orden, 8
de septiembre de 1939). Al construirse la estación del ACA en conocimiento de
la ordenanza en vigencia, construyó sus instalaciones hacia el interior de la
manzana, y otro tanto han hecho el comercio de pinturería (29 de 12 a 14), y el edificio Mitre
de 29 y14, como el sector anexo de la clínica 29 – 16 y 14).
Es más aún. Cuando
estaba en la etapa de anteproyecto del edificio Mitre sus propietarios a sabiendas
de la restricción, ofrecieron, sin cargo, al municipio el metraje expropiable a
cambio que se les permitiera levantar un piso más. Y no resultó así. Por
entonces se dijo que habría habido un acuerdo de palabra, pero a la hora de su
tratamiento en el seno del H. Concejo Deliberante el ofrecimiento no fue
aceptado.
De tal forma el día que,
en serio, el gobierno municipal cuente con la posibilidad financiera de encarar
el ensanche, los metros cuadrados ociosos habrán que abonarse a los
propietarios.
El mayor de los
problemas de tal cuello de botella son la Escuela n° 7 y el Jardín de Infantes lindero.
Ambas instalaciones pertenecen al orden provincial y a la hora de los bifes
como suele decir un bolichero amigo habrá que plantarse ante la administración
provincial, y a ésta no le quedará más remedio que disponer el traslado de la Esc. 7 o recortarle parte de
su frente; y el Jardín a otro lado.
El camino hay que
empezar a prepararlo.
Respecto de las demás
propiedades no quedará más remedio que expropiarlas o avenirse a su adquisición
directa con los propietarios. De movida se responderá de que “no hay con qué”,
empero si se previeran determinadas sumas en más de un presupuesto anual del
municipio, quizás en un lapso mediano las compras de los espacios se tornen
posibles.
En cuanto a los
corrimientos de los dos pasos a nivel es una tarea menor, salvo algunas
propiedades existentes entre ambas vías.
¿Es posible pensar a
futuro?.

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