El maltrato animal es una de las banderas que
muchas organizaciones no gubernamentales están tomando en estos últimos años.
Grupos que, sin tomar la ideología del
vegetarianismo, se oponen a las condiciones terribles en las que se encuentran
los animales: hacinamiento, abandono.
El problema adquiere una dimensión, muchas
veces rayana con lo moral: como el imperativo categórico de Immanuel Kant donde
las acciones buscan el bien común.
“Obra sólo de forma que puedas desear que la
máxima de tu acción se convierta en una ley universal” es una de sus
formulaciones.
La faena de animales es un hecho inevitable teniendo en cuenta la
complejidad de la cuestión alimentaria: no podemos pretender que todos se
conviertan en vegetarianos.
Pero si podemos exigir que las condiciones sean controladas, reguladas y
que existan los mecanismos de certificación necesarios.
Parte del Aire de la matriz económica del siglo XXI se apoya en la
generación de alimentos para sostener a una humanidad que se multiplica en su
bienestar.
Las condiciones del proceso de elaboración de los alimentos deben ser
transparente y los controles sumamente estrictos.

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