El origen de la palabra se remonta al lunfardo,
otros dicen que viene del genovés, lo cierto que el escrache se puso al orden
del día desde la agrupación HIJOS para denunciar a aquellos genocidas que
andaban libremente por las calles, sin juicio ni castigo.
Escrachar es denunciar, es poner en evidencia
la impunidad de aquellos que cometieron delitos.
Pero también el escrache ha adquirido un sesgo
de intimidación, de amedrentamiento, una manera de señalar y acosar públicamente.
Los recientes “escarches” a funcionarios públicos,
los insultos a envestiduras públicas, buscan más que señalar, ensuciar,
denigrar, amedrentar: que un funcionario viaje en un medio de transporte público
es repudiable?
La distancia entre los funcionarios, la
burocracia, y los ciudadanos muchas veces fue un abismo. Ejemplos en la
historia sobran: los cortesanos eran parte de un mundo aparte.
Podría pensarse que el escrache es una acción
que busca visibilizar, poner a la vista de todos, una falta. Mostrar que el rey
está desnudo como el cuento de “el nuevo traje imperial” cuando todos hacen
como si no lo vieran.
Parte del Aire de estas acciones, reacciones “ciudadanas”
son indicativos de varias cuestiones, una, que del otro lado del juego político
no hay una oposición que represente los derechos de muchos.
Lamentable caer en la bajeza. Lamentable
resurgir de la crispación. La democracia, nosotros, nos debemos mejores
actitudes.
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